lunes, 16 de noviembre de 2009

Atravesar el muro

Los muros te acompañan toda la vida, te atrapan, te someten, te brindan protección, te ocultan del mundo e impiden que el mundo te absorba. Se nutren de polvo, huellas, roturas, grafitis, humedad, contextos, cicatrices y paisajes que sólo pueden ser creados por el tiempo.
Esta es una introducción poco usual (romántica) que hemos escuchado sobre una temática que genera gran polémica a nivel internacional: la cuestión de las barreras, las fronteras y los muros que dividen a las naciones. Sobretodo porque esta temática denota la importancia de las decisiones políticas (tanto nacionales como internacionales) y sus efectos en la sociedad, en la manera de vivir de un pueblo, en las costumbres, tradiciones e incluso en su historia.
Para cuando esta colaboración llegué a sus manos, habremos celebrado el veinte aniversario de la caída del muro de Berlín, aquella cortina de acero como decía Winston Churchill, que separaba al mundo en dos ideologías aglomeradoras y envidiosas: el socialismo y el capitalismo.
Habremos conmemorado el derrumbamiento de cerca de 45 Km de concreto, alambre, vayas, torres de vigilancia, etc., que no sólo separaba a Berlín Oriental del Occidental, si no que era un símbolo de la férrea lucha antagónica en la que estuvieron inmersos casi todos los países del mundo: la Guerra Fría.
Una fecha como la que ahora celebramos es una gran fiesta nacional para los alemanes, para aquel país que hoy en día es el quinto más rico del mundo, el motor financiero e industrial de la Unión Europea, el más poblado de esta integración. Aunque también es un evento que aplaudimos a lo largo del globo como el fin de una era.
Los principales actores de aquel acontecimiento, EE.UU. y Rusia elogian el fin de una época marcada por la hostilidad política y la carrera armamentista, lo hacen en el marco de un acercamiento sin precedentes, pero que no ha visto el alivio total de las tensiones entre estos gigantes militares, sobre todo porque la política exterior de aquellos países depende en gran medida de los lideres que han llegado al poder, por ello no observamos grandes avances en la relación bilateral cuando gobernaba Bush Jr. y Putin.
Hace veinte años, la humanidad reconoció que los muros sirven para detener el progreso, segregan naciones con fines políticos, separan con fines económicos, aíslan con fines raciales. Que en la construcción de cualquier barrera fronteriza ambas partes son culpables por bastas razones: inequidad social, discriminación racial o religiosa, falta de oportunidades de desarrollo, pobreza, corrupción, desempleo, injusticia, etc., pero también nos dimos cuenta que la única victima es la sociedad, el pueblo, quienes huyen por causas propias y se encuentran con barreras materiales y sociales que les impiden ejercer su libertad en cualquier territorio.
La idea de un muro entre dos naciones es en si misma negativa, hace evidente que tenemos razones para protegernos de nuestros vecinos, que preferimos la prevención antes de la propuesta, que la humanidad es de lento aprendizaje o que éste sólo puede venir acompañado de la calamidad.
Pese a esta lección, los ciudadanos del mundo observamos con pena y pesar que estamos lejos de aprender de nuestros errores pasados, que existen grandes barreras que separan a las naciones de aquella idea utópica de la aldea global. Hoy en día hay decenas de muros y barreras en el mundo, separan territorios en casi todos los continentes. Existen en Marruecos, Chipre, Israel, Cisjordania, Irak, Kuwait, la península de Corea e incluso en EE.UU., donde el proyecto de muro fronterizo avanza sigilosamente pese a la crisis económica, contrariando lo dicho por su Secretaria de Estado, Hilary Clinton, en Berlín: “no hay muros que no podamos derribar”.
Ante este diagnostico, tengamos presente que lo que aconteció hace dos décadas en Alemania fue una re-integración inédita, que no tiene comparativos, que no ocurrirá por ejemplo a corto plazo en las Coreas. Aquella fue una reconciliación nacional que rebasó la barrera ideológica, la cual no pudo mermar la identidad nacional del pueblo teutón, de la nación alemana que asumió los costos de volver productivo y democrático al territorio de oriente.
Aquel acontecimiento nos recuerda de manera individual que todos tenemos nuestras barreras, nuestros muros cotidianos, aquello que adorna nuestra vida con complicaciones y es a la vez el sazón de la misma. Porque se cree que el hombre de hoy no sabe qué hacer cuando está frente a un muro. Piensa en escalarlo, saltarlo, superarlo a toda costa, y no se da cuenta de que lo mejor es pasar a través de él, para derribarlo, para dejar huella, y así tener un testimonio del tránsito de su vida en la historia. Sólo así se pudo unificar Alemania; derribando el muro. Celebremos un triunfo más de la humanidad.

*Internacionalista, idealista y libre promotor del cambio.
Comentarios y contacto:
ignacio_pareja@yahoo.com.mx
© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 10 de Noviembre, 2009

viernes, 6 de noviembre de 2009

NO ESTÁ OCURRIENDO EN TODO EL MUNDO

Cuando pensamos en algún fenómeno o hecho que afecta a nuestro país, muchas veces especulamos que fue consecuencia de algún factor internacional. Podemos creer que aquel fenómeno es resultado de una serie de variables que fueron alimentadas desde el exterior y que debido a los niveles de globalización actual, nos está afectando de manera particular a los mexicanos.
Existen un sinfín de ejemplos que pueden sostener el argumento anterior. Actualmente tenemos la crisis económica mundial, que les está pegando a casi todos los países y de la que sólo se han salvado algunos asiáticos como China. También tenemos el fenómeno del calentamiento global, el cual nos afecta a todos los ciudadanos del mundo, pero donde la mayor responsabilidad se encuentra en los países más industrializados. Hablando de estos últimos, -para muchos-, de ellos es la culpa de que exista la pobreza, debido a la histórica explotación y dependencia que han ejercido hacia los países que se consideran en vías de un desarrollo cada vez más lejano.
El tema que hoy nos reúne también tiene sus raíces en lo internacional, es un fenómeno cuyas razones de ser son inmensas y complejas, donde se entrelazan variables como el alto poder adquisitivo de nuestro vecino del norte, la falta de oportunidades para el desarrollo individual en nuestro país y en las naciones del sur de América, lo redituable de negociar con el miedo y la extorsión, etc., etc.
Seguro que ya saben a lo que nos referimos. Efectivamente estamos hablando del crimen organizado. Aquel fenómeno no sólo ocurre en México, si no que está presente en todo el mundo, es mas, seria menos fuerte sin el apoyo de las redes delictivas trasnacionales.
Lo que no está ocurriendo en todo el mundo es la manera en la que se manifiesta o se sufre este fenómeno en nuestro país. Lo notamos todos los días en las ya habituales noticias sobre sanguinarias ejecuciones, secuestros, inseguridad y la violencia mediática que sufrimos todos los mexicanos (y que puede compararse con lo que ocurre en países políticamente “inestables” como Irak, Afganistán o Pakistán). Así es, el crimen organizado no es tan violento en otras partes del mundo, como lo es en México.
Lo curioso del caso mexicano es que es un crimen organizado nacional y lo decimos así, porque en sus actividades delictivas aglomera vastos recursos financieros, da trabajo a miles de personas, se localiza en todos los estados del país, tuvo y tiene la venia de gobiernos corruptos y seguramente aún hoy en día apoya y es apoyado por uno que otro funcionario de gobierno y de forma voluntaria e involuntaria por el sector empresarial y productivo del país. Es incluso para muchas familias mexicanas la actividad que lleva a su mesa el pan de cada día.
Gracias a la “lucha” que ha emprendido el gobierno federal contra el crimen organizado nos hemos dado cuenta de lo poderosos que son las mafias y las organizaciones delictivas mexicanas. Lo malo es que reconocemos este poder sobre la base de los hechos violentos: siete personas mueren al día en una de las ciudades más peligrosas del mundo: Cd. Juárez a causa del crimen organizado; México es uno de los países más peligrosos para el periodismo, sobretodo en la zona norte del país, donde es preferible omitir nombres que encarar la furia del narco; nuestras “Mafias o Carteles” son más violentos que la Camorra napolitana o que la Cosa Nostra italiana, que la Mafia rusa o que los Yakuza japoneses; a los carteles mexicanos les han cedido el control de rutas y mercados los colombianos, puesto que en su país se están haciendo grandes esfuerzos para mejorar su situación, pero han requerido del apoyo/intervención de Washington para efectuar esta tarea. Nuestro país es más violento que algunos Estados como Angola, el Congo, o Serbia y Albania (que vivieron robustos episodios de violencia en el pasado) de acuerdo con el Índice Global de Paz. .
El crimen organizado en México efectúa un sinfín de actividades (secuestro, extorsión, lavado de dinero, narcotráfico, trata de personas, trafico de órganos, etc., etc.) podemos decir que estas organizaciones se han profesionalizado, han aprendido que la diversificación de actividades reduce el riesgo de colapso, puesto que si el gobierno federal ataca uno de sus sectores “in-productivos” tienen otra actividad que les permite seguir creciendo, eso si, aumentando los niveles de violencia que tanta rentabilidad les generan.
Al tenor de este diagnostico vale la pena cuestionarnos ¿qué tan lejos estamos de hacer de México un país más pacifico o seguro? El concepto de seguridad nacional hace alusión a “[…] aquellos aspectos que ponen en riesgo las condiciones y bases de existencia, funcionamiento y continuidad de una nación”. La nación mexicana, que no sólo comparte elementos de raza y cultura, sino que tiene un destino común, está representada por todos los componentes de la población: empresarios, políticos, civiles, estudiantes, campesinos, migrantes, asociaciones civiles, etc. Podemos responder orgullosamente que hasta ahora hemos superado a los elementos entrópicos que buscan el desequilibrio del país, sin embargo, debemos cuestionarnos como nación ¿quién es el culpable de la violenta manifestación del crimen organizado en el país?, ¿será una coincidencia de hechos históricos y coyunturas específicas, el pueblo ignorante, el gobierno corrupto y dividido, las elites envidiosas o el territorio maldito? La pregunta tiene más de ciento once millones de respuestas y todas son correctas, todos somos México y pocos hacemos algo por mejorar realmente al país.

Para la reflexión.
¿La política cultural exterior de México debe manifestar la violencia del crimen organizado y lo ineficaz del gobierno para combatirlo? Sería igual que hablar mal de uno mismo, no lo creen.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 3 de Noviembre, 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

El país más poderoso de América Latina

Si hace tres o cuatro décadas alguien preguntara ¿cuál es el país más poderoso de América Latina? La respuesta hubiera variado en tan sólo dos países de la Región: México y Brasil. El primero no sólo se distinguía por el tamaño de su economía, si no que era el referente más fuerte de la región, al haber sido la principal colonia española (Nueva España), por ser el país con el mayor número de hispanoparlantes, por ser un país mestizo, rico en recursos naturales, un país diplomáticamente activo, respetuoso, pero sobretodo que cuidaba las normas de transición política, lo cual daba muestra de su independencia ante el coloso del norte (EE.UU.). Del segundo podemos decir que en aquellos años (70’s-80’s) tenía de igual manera una economía mediana, fue la mayor colonia de Portugal, era y es un país étnicamente diverso, vasto en recursos naturales, pero tenía ciertos rezagos a nivel internacional, producto de la mala imagen de la dictadura que gobernó aquel país por 21 años (1964-1985).
La variable política es por demás importante, por ello podríamos decir que la respuesta a la pregunta inicial se habría orientado en mayor medida a nuestro país, México: ¡éramos los líderes de América Latina!
Hoy en día la respuesta es sesgada y ha cambiado. El país más poderoso e influyente de América Latina ya no es México, es Brasil. Aquel es el noveno país más rico del mundo con un PIB de 1.9 billones de dólares, crece al 5.1% gracias a su diversificación económica (sobretodo a sus relaciones con el continente asiático), es el quinto país más poblado del mundo (198 millones), el quinto más grande (en territorio). Tiene una diplomacia activa y propositiva que lo ha llevado a integrar importantes bloques alternos como la iniciativa de países emergentes BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Además es el actual líder de la integración más consolidada de América del Sur, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Es el principal protagonista de la Comunidad Sudamericana de Naciones, una iniciativa que alberga a más de 500 millones de habitantes (la UE tiene 491 millones). Ni hablar de sus recursos naturales. Aquel país alberga la mayor parte de la selva amazonas, tiene un río de 6,626 km (el río más grande del mundo) con el mismo nombre, cuenta con el 20% de recursos hídricos mundiales, maderas tropicales, petróleo, vasto territorio. Tiene representación en la estación espacial internacional, además de contar con uno de los programas de energías alternativas más ambicioso y rentable del mundo.
Aquel país es el más poderoso de América Latina, comparte varios rasgos con la región: la historia colonial, la dependencia hacia naciones extranjeras (Reino Unido y EE.UU.), la diversidad cultural, la raíces europeas, africanas e indígenas, la histórica inestabilidad económica, la mala distribución del ingreso e incluso el acérrimo amor por el futbol.
Brasil es un buen ejemplo para contextualizar lo que ocurre en América Latina: pese a sus vastos recursos naturales, a los años de abolengo post segunda guerra mundial (donde se crearon ciudades administrativas como Brasilia con grandes expectativas de vida), pese al sostenido crecimiento económico, al gran tamaño de su economía, en aquel país el 31% de la población se encuentra bajo la línea de la pobreza, existe una pésima distribución del ingreso: “los ricos son tan ricos como los acaudalados europeos y los pobres tan pobres como los africanos”. Aquellos viven en las ya famosas favelas; aglomerados urbanos, círculos de pobreza, incubadoras de crimen, canales de circulación de drogas, pero también lugares de samba y capoeira.
Brasil es un país de dilemas, de ricos y pobres, de comunidades de negros, blancos, mestizos, asiáticos e indígenas, de atropellos a los aborígenes del amazonas, de explotación, corrupción, cacicazgos. Brasil ejemplifica perfectamente el rol social que se vive en las naciones emergentes: con un bajo porcentaje de población que se beneficia del crecimiento económico y un alto porcentaje de personas que no disfrutan de la derrama económica.
Pese a lo negativo de la situación social que se vive en aquel país, debemos estar conscientes que no se puede esperar que un país se desarrolle sin generar riquezas de manera sesgada hacia ciertos sectores, en un primer momento. Lo que pretendemos resaltar aquí, es la forma en la que un país “similar” al nuestro está avanzando en el entorno internacional, se está haciendo notar en el mundo (no por nada Río de Janeiro le ganó la elección olímpica a nada menos que a Chicago, Madrid y Tokio), incluso está invirtiendo esfuerzos y dólares para ser integrante (de forma permanente) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, bajo el argumento de que es la nación que puede velar por los casi 700 millones de habitantes que viven en la región latinoamericana.
Al tenor de estas consideraciones, el primer cuestionamiento se convierte en una serie de preguntas que debemos hacernos todos los mexicanos (gobierno, población y empresa): ¿Hemos seguido el rumbo correcto?, ¿Acaso no fuimos advertidos de la dependencia económica que generaría la orientación hacia mercado estadunidense?, ¿Debemos seguir mirando hacia América del Norte y olvidar al sur que ya es más próspero que nosotros? Tenemos mucho que reflexionar, sobretodo pensando en que poco a poco la riqueza del mundo se ha trasladado a los países asiáticos y que los países de América del Sur forman bloques económicos sin tomar a México en cuenta. Habrá que poner más atención en aquellas regiones, es una de nuestras principales tareas a nivel internacional.

Internacionalista, idealista y libre promotor del cambio.
Comentarios y contacto: ignacio_pareja@yahoo.com.mx

© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 20 de Octubre, 2009

¿Por qué ganó el Nobel Obama?

Existe la creencia (entre los medios de comunicación) de que las malas noticias son más atractivas que las buenas. Que informar acerca de alguna calamidad es más rentable, o que puede polemizarse una buena noticia para darle manufactura o un cierto valor agregado informativo.
Cuando Barack Obama llegó a la presidencia del país más poderoso del mundo, aquella fue la noticia del momento: por fin un candidato afroamericano llegaría a la Casa Blanca, algo que incluso entre los círculos intelectuales se comentó como muy difícil.
Obama rompió con grandes barreras, primero al vencer a Hilary Clinton por la candidatura demócrata, quien contaba con un buen capital financiero y político para contender por la presidencia y posteriormente al ganar las elecciones presidenciales a John McClain.
Aquel tecnócrata egresado de Harvard llegó a la presidencia del país con grandes tareas. La economía norteamericana se había mermado por la guerra, la imagen de Estados Unidos estaba por los suelos gracias a la administración Bush; aquello alimentaba los “movimientos” anti-yankees alrededor del mundo, el objetivo de la seguridad nacional se volvió una prioridad y se usó a la milicia como medio para alcanzar este fin, etc., etc.
Sin embargo Obama llegó a la Casa Blanca con promesas solidas: mejorar la imagen de Estados Unidos, las relaciones con Rusia, cerrar Guantánamo en un año, retirar tropas norteamericanas de Irak y Afganistán, mejorar las condiciones económicas de aquel 10% de la población que se encuentra “below the poverty line” (bajo la línea de la pobreza), en pocas palabras terminar con la hostilidad de la política estadunidense en pro de una nueva perspectiva en las políticas internacionales.
Aquellos que son enemigos de EE.UU., hoy en día ya no cuentan con una de las mejores herramientas que tenían: desacreditar al gobierno estadunidense. Cómo poder hacerlo cuando la cabeza de aquel gobierno tiene una popularidad inmensa, cuando la imagen de EE.UU., atrofiada por los años se está limpiando poco a poco. Cómo ganar simpatizantes anti estadunidenses cuando las señales norteamericanas ya no conducen al conflicto bélico. Sin duda alguna, muchos de los regímenes vs americanos deberán replantear sus estrategias para combatir a Obama, Corea del Norte ya lo está haciendo.
Este optimismo pro-Obama lo vivimos aquí en México, en la primera visita que hizo a nuestro país: todos querían salir en la foto con Obama, no hubo indicios de manifestaciones en su contra, si no una cálida bienvenida del gobierno y el pueblo mexicano.
En el mundo ha ocurrido algo parecido. Pese a que Obama no ha cumplido de manera satisfactoria con todos los retos a los que se ha enfrentado y ha perdido popularidad a nivel internacional, al momento en el que se dan las cumbres de los “G” (G8, G20), los globalifóbicos no han reaccionado de manera tan enérgica como antes. ¿Cómo hacerlo? Si aquel presidente es un hombre sensato, inteligente, democrático y de raza negra, porque incluso aquella condición impide que la sátira política haga complemente de las suyas con aquel mandatario por cuestiones raciales. ¿Irónico no?
La administración Obama no ha cumplido todavía con las vastas exigencias del pueblo norteamericano y del mundo entero, con aquellas promesas de esperanza, entonces: ¿Por qué ganó el viernes pasado el premio Nobel de la paz?
Si nos situamos desde dos ópticas, una de meritos personales y otra de actores principales, podemos argumentar las siguientes dos posibilidades:
La primera es porque lo MERECE. Su llegada al poder significó un giro de 180 grados en la política exterior estadunidense, la cual era agresiva y hostil desde 2001 hasta 2008. Todos recordamos los ataques terroristas que derivaron de la misma, los ejercicios militares en Medio Oriente, las guerras civiles en Irak y Afganistán (las cuales siguen vigentes), las tensiones de EE.UU. con la Rusia de Putin, el uso del concepto de seguridad nacional como tema prioritario para los Estados Unidos.
Obama ha archivado el proyecto del escudo antimisiles en Europa del Este, ha acercado a los máximos rivales del siglo pasado (los más poderosos en términos militares) a favor de la reducción del arsenal nuclear, un gesto en pro de la humanidad. En Obama, los países alejados de EE.UU. han visto una posibilidad de acercamiento, una esperanza para mejorar la relación (si no pregúntenle a Cuba, Venezuela o Corea del Norte). Aquellos que no tienen intensiones de acercamiento como Irán, poco a poco perderán el apoyo “anti-yankee” que tenían en el mundo, de manera que tarde o temprano se quedaran aislados por la opinión pública internacional.
La segunda es para COMPROMETERLO. Ya que Obama ha manejado un discurso esperanzador, de paz, de multilateralismo, de cooperación y de cambio. El hecho de otorgarle el premio nobel lo compromete a encaminar sus esfuerzos y los recursos de su administración en pro de una política exterior más tolerante, que respete valores internacionales como los Derechos Humanos, el cuidado del Medio Ambiente, el libre comercio justo, etc.
Hasta ahora la administración Obama ha tenido una digna participación en el escenario internacional, pero ¿acaso podrá mantenerse así durante todo su mandato? Los países no “guerrean” sólo por odios raciales o choques culturales e históricos, lo hacen por intereses geopolíticos. Los estadunidenses conocen mejor que nadie las ganancias de la guerra; fue el triunfo de la segunda guerra mundial lo que les dio el estatus que hoy tienen en el mundo, saben que en esta operación aritmética (costo-beneficio) hay mucho que ganar: recursos naturales, contratos millonarios de reconstrucción y fomento, alianzas políticas, contención a enemigos, etc., etc.
“La guerra es costosa, pero genera cuantiosas ganancias”, aquella será una máxima que deberá falsar Obama si quiere mantener su buena imagen. Lo debe hacer al interior de su propio país derogando el “establishment” que ha imperado en la política norteamericana durante casi toda su historia, debe convencer a viejos y nuevos realistas que tienen mucho poder en EE.UU., en sus empresas y en el gobierno, vaya reto.

Internacionalista, idealista activo y libre promotor del cambio.
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ipa_newton@hotmail.com

© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 13 de Octubre, 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

Sputnik I: recordando el comienzo de una nueva era.

Hace poco más de cinco décadas, el hombre rompió las barreras terrestres y logró poner en orbita el primer satélite artificial en la historia, el Sputnik I. Aquel hecho aconteció en uno de los periodos de máxima tensión política a nivel internacional, en un episodio que denominaron los historiadores como “la guerra fría”, refiriéndose a la batalla indirecta que libraron las dos potencias ganadoras del la Segunda Guerra Mundial: EE.UU. y la URSS.
Ambos países aglutinaban en sus bloques a una serie de Estados “aliados” por voluntad y por fuerza. Eran también los principales proveedores y consumidores del mundo, los más armados, los más avanzados tecnológicamente, los más hostiles (políticamente). Eran dos gigantes con ideas contrarias compitiendo por imponer lo que creían era “el orden adecuado” para las políticas mundiales.
Al momento en el que se escribe la presente colaboración (4 de Octubre) se cumplen cincuenta y dos años del lanzamiento del primer satélite artificial al espacio, el cual representa el primer éxito del programa Sputnik, que daría ventaja a la URSS sobre su adversario en cuestión de exploración espacial.
Hoy en día celebramos que este hecho fue el inicio de la carrera espacial entre dos grandes colosos, el cual no sólo trajo beneficios en forma de externalidades a la sociedad civil, si no que amplió nuestro margen de asimilación respecto al papel del hombre en el universo, en palabras del historiador David Thomson “con el hombre en el espacio comenzó una nueva era”.
No se sabe a ciencia cierta cual era el objetivo final de ambas potencias en materia espacial (URSS y USA), pero se puede intuir que la adquisición de conocimiento sobre el espacio, era sinónimo de ventajas para combatir al bando contrario: el conocimiento es poder y puede utilizarse para cuestiones buenas o malas.
Además, el desarrollo espacial era sinónimo de desarrollo bélico, ya que “la iniciativa de viajes espaciales significaba superioridad en tecnología, particularmente de misiles”. Sin embargo la carrera espacial no fue sólo una carrera tecnológica, si no que tuvo gran influencia a nivel económico, social y militar.
En el primer nivel podemos mencionar las externalidades generadas a partir de los desarrollos tecnológicos que dieron vida a las agencias espaciales de la URSS y de EE.UU., y más delante de otros países como Japón, Reino Unido, Francia (sede de la Agencia Espacial Europea), Canadá, Brasil y China. Además de productos derivados de la experimentación como el teflón, el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), los alimentos deshidratados, los detectores de humo, el código de barras, los pañales desechables, el cierre de velcro, etc., etc. Los ejemplos son inmensos, algunos como los anteriores ya son de uso público, pero existen otros que llegaran a los hogares del mundo a mediano y largo plazo.
A nivel social la carrera espacial significó una herramienta del gobierno (estadunidense y soviético) para convencer a sus ciudadanos de que su sistema económico (capitalismo y comunismo) era el más adecuado, puesto que la población se identificaba con los éxitos de las misiones, en un ambiente donde la “competencia” acontecía en casi todos los ámbitos.
En cuestión militar, los avances en materia espacial se complementaron con el desarrollo de áreas bélicas como las mejoras de los misiles, la experimentación con las fusiones nucleares, la optimización del uso de la energía, etc. Mejoras que demostraban la superioridad bélica de los antagónicos sobre el resto del mundo.
En aquellos años de Guerra Fría la carrera espacial fue eso: una competencia por saber quien era el mejor país, qué sistema económico era el indicado, qué filosofía debía prevalecer. Hoy en día, en este mundo multipolar las cosas han cambiado: ya no existe una carrera espacial como tal, la competencia ha sido sustituida por la cooperación, de manera que los distintos países con agencias espaciales colaboran en pro de un desarrollo espacial mundial. El mejor ejemplo de esto es la Estación Espacial Internacional, un centro de investigación construido en la orbita terrestre, donde participan las agencias espaciales de EE.UU., Rusia, la Unión Europea, Japón, Canadá y Brasil e Italia bajo un estatus especial. Gracias a los esfuerzos de estos países, desde hace nueve años hay presencia humana permanente en el espacio.
La conmemoración del Sputnik I es un hecho que no debe ser recordado como un triunfo nacional, porque fue el primer lanzamiento de un objeto creado con materiales terrestres por la mano del hombre, por su ingenio, por sus cálculos, el cual debe ser recordado como un elemento de unión para la humanidad. Estamos celebrando que logramos cruzar la barrera terrestre, la primera limitación material, para hacer posible la ampliación de nuestro sistema natural (el planeta tierra) y nos permite conocer, poco a poco, la inmensidad del universo.
Hemos superado lo que se creía imposible, hemos hecho mucho como especie para adaptarnos, para cumplir con el gran objetivo de la supervivencia. Hemos logrado retos que parecían imposibles y seguramente seguiremos haciendo más. El ser humano no es una especie estática, el ser humano es una especie en constante movimiento. Podemos crecer con base en nuestro esfuerzo, cooperación y constancia, dejar de competir por el triunfo individual-nacional, bajo la idea de un objetivo común, en este caso la exploración espacial. Todavía queda mucho camino por recorrer, pero los primeros pasos ya se han dado.

Internacionalista, idealista y libre promotor del cambio.
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ipa_newton@hotmail.com

© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 6 de Octubre, 2009

lunes, 5 de octubre de 2009

Vivir así…

Como nos ha costado a los mexicanos acostumbrarnos a las noticias (casi siempre malas) referentes a la in-seguridad que se vive en el país. Escuchamos cotidianamente sobre secuestros, balaceras, detención de criminales (ex policías), extorsiones telefónicas desde las cárceles o fuera de ellas, impunidad, etc., etc. Sin duda es difícil vivir así, sobre todo cuando recordamos que hace algunos años esta clase de noticias eran los estelares, las primeras páginas de los periódicos, pero hoy son el pan de cada día.
Aquello es triste y desafortunado, puesto que refleja que algunos de los elementos que componen al Estado (población, empresa y gobierno) no están haciendo bien su trabajo o han dejado de funcionar bajo las estrictas normas de la ley y la moral cívica.
Cuando escuchamos, leemos, comentamos, o nos enteramos de voz a voz de algún caso de delictivo local, pareciera que es para nosotros algo normal. Lo dijo hace algunos años el italiano Giovanni Sartori en su libro Homo videns, cuando mencionó, con más o menos palabras, que existe una tendencia por parte del espectador a interesarse en mayor medida por las noticias locales o regionales, ya que se siente ajeno a lo internacional o a los eventos que acontecen en las lejanas regiones del mundo.
En colaboraciones anteriores hemos intentado falsar aquel argumento, mediante el acercamiento del lector con temáticas internacionales, algunas acontecidas en países muy lejanos, otras donde nuestro país es uno de los principales actores, pero en esta ocasión vale la pena enfocarnos a lo nacional, ya que el complejo problema de la “seguridad”, está ayudando a los GIGANTES de la crisis económica y la influenza, a llevar al país a un hoyo cada vez más profundo, de donde será difícil salir incluso a largo plazo.
¿Por qué la seguridad se convirtió en uno de los temas más importantes de la agenda nacional? Quizás fue porque el ejecutivo se dio cuenta del gran poder de las mafias o porque necesitaba afianzarse en el poder “defendiendo a los mexicanos” o por seguir la tendencia que se vivía en EE.UU., aquello no se sabe con exactitud.
Hasta hace algunos días no me cansaba de externar mi apoyo a la lucha contra la delincuencia organizada, pensaba que verdaderamente el Estado mexicano tenía la capacidad y una buena estrategia para ganar “la estabilidad del país”, una variable por demás indispensable para lograr el bendito crecimiento económico (elemento que puede llevarnos al desarrollo si se alcanza y si encuentra una buena distribución).
Desafortunadamente me di cuenta de que no es tan sencillo vencer al monstruo de la delincuencia, pues no es lo mismo opinar acerca de un tema cuando este nos afecta indirectamente, que hacerlo después de vivir una mala experiencia, de sentir en carne propia esa incertidumbre paralizadora, esa impotencia por no poder hacer nada contra el delito.
Muchos mexicanos hemos sido victimas del crimen, algunos creyentes en el papel del Estado denuncian, otros que desconfían de la efectividad del mismo prefieren callar y hacer uso de sus “métodos” para resolver sus problemas, unos pocos reflexionan y proponen, porque al igual que en las crisis, la inseguridad nos lleva a las mismas tres etapas de miedo, prevención y propuesta.
Como un afán personal, después de reflexionar sobre la manera en la que la delincuencia afecta al país, decidí hacer una mesa de debate sobre el tema con algunos colaboradores, pregunte: ¿Cuál es el gran problema de la inseguridad y si existe alguna solución? En una respuesta más vivencial que científica llegamos al consenso de que la inseguridad no sólo afecta a la economía (que es la variable que más influye hoy en día en nuestra vida diaria) en materia de estabilidad, si no que genera un “retardo” que se deriva de las medidas de prevención, producto del miedo y la inseguridad. Aquel retardo se ve reflejado en nuestros bolsillos, vía el tiempo que destinamos para idear una estrategia de prevención, y en nuestra productividad laboral, vía la incertidumbre y el temor por vivir una experiencia de este tipo.
Lo cierto es que las mafias y la delincuencia han estado y seguirán presentes en nuestro país, el grave problema no es su existencia, si no que concentren tantos recursos y poderío, en pocas palabras que le quiten al Estado el monopolio de la fuerza, la cual es usada (idealmente) para brindar estabilidad y certidumbre a los mexicanos.
Hasta hoy no se sabe a ciencia cierta cuanto poder ha restado el gobierno mexicano a las mafias, lo que hemos notamos es una fuerte respuesta del crimen organizado a las acciones gubernamentales y constatamos que funciona con recursos inmensos: nos ha salido cara esta lucha, sin duda era necesaria aunque no estamos seguros de que la estrategia sea la correcta, muchos mexicanos aun nos preguntamos ¿Cuándo llegará el día en el que el gobierno ponga las cartas sobre la mesa y recupere el control de esta situación?
Reflexión 1.
Y si aislamos a los criminales y las empresas les dejaran de vender grandes camionetas y autos de lujo, chip de celulares de forma indiscriminada, relojes ostentosos, cotizadas prendas de vestir… y si el gobierno les cobrara impuestos para el Estado, identificará sus grandes mansiones, sus negocios lícitos… y si los bancos colaboraran con el Estado para cerrarle las puertas a los capitales mal ganados y dejara de existir el secreto bancario…y si los ciudadanos confiáramos en las autoridades y denunciáramos todos los crímenes… y si en verdad todos deseáramos esta utopía.
Reflexión 2.
El número de extorsiones telefónicas ha aumentado en nuestro Estado, debería haber una campaña de prevención para que la ciudadanía tenga conocimiento de qué hacer en caso de ser victima de aquella actividad.
Alguien comentó: ¿Por qué si quiero que mi número telefónico sea privado (que no aparezca en el directorio) me cobran una mensualidad, no debería ser al revés? Parece ser que en la “prevención” si gana alguien, le pagamos todos los que queremos un “servicio adicional”.

Internacionalista, idealista y libre promotor del cambio.
Comentarios y contacto: ignacio_pareja@yahoo.com.mx
© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 1 de Octubre, 2009

Septiembre, Mes de la… ¿avalancha mediática?

Precisamente este septiembre ha sido para México un mes de gran efervescencia política, económica y social. No sólo porque es una fecha de celebración histórica o por la conmemoración de aquel siniestro que azotó a la nación en 1985, si no porque es un mes que puede caracterizar lo que ha ocurrido en el territorio nacional durante el presente año.
Si citamos los acontecimientos más importantes de los últimos días, nos daremos cuenta de que los distintos medios de comunicación han tenido más trabajo que en meses pasados, o por lo menos más responsabilidad en cuestión de manejo de información.
En este mes hemos visto inundaciones, cambios en el gabinete presidencial, un paquete económico en tela de juicio, la crisis económica, deslealtades políticas, un “perfecto” desfile militar, algunos hechos “aislados” como aquel secuestro al avión o la balacera en el metro Balderas, y por si fuera poco nos enteramos del tercer rebrote de influeza AH1N1 sin vacunas suficientes.
Esta avalancha mediática puede llegar a confundir al espectador distraído, y es que, hay tantas noticias de gran transcendencia por conocer, que voltear a las prioridades, a aquellos temas que no sólo son informativos, si no que nos son útiles para nuestra vida diaria, parece una tarea sumamente complicada. Por ello, algunos hemos llegado al consenso de que hay tres temáticas que por su trascendencia deben ser tomadas en cuenta, dejando de lado la información que no es tan útil para nuestra vida diaria, (como los desplantes de juanito, o las declaraciones de aquel “fanático” religioso que vivía a 15 min de nuestra ciudad).
En primer lugar debemos tomar en cuenta la crisis económica, la cual estará con nosotros por lo menos un semestre más, pues el FMI nota una luz al final del túnel, pero aquella irradiación es pulsante, parpadea como un foco a punto de fundirse.
Gracias a la teoría económica sabemos que el mercado, que es el conductor de la economía neoliberal, se nutre de las señales de sus tres participantes: los consumidores, las empresas y el gobierno. Las señales que envíen al mercado estos tres elementos demarcaran el futuro de la económica, sea que este devenga en una recuperación o en una crisis. Por ello es tan importante que exista un consenso en “un” paquete económico, donde no se afecte a alguno de los tres elementos para privilegiar a otro, lo cual casi nunca ocurre, ya que desafortunadamente en el juego de –estira y afloja- en cuestión tributaria sólo la masa puede asumir (en mayor medida) los aumentos de los impuestos, ya que por la crisis, el capital será escaso y nadie desea que otros como México (países latinoamericanos) convenzan al capital de trasladarse a sus naciones.
En segundo lugar está la crisis sanitaria de la influenza, que repercute en el sector económico y educativo del país. Ésta no sólo ha afectado al turismo, si no que perturba a la economía individual, así como a los servicios o al sector de la producción. Ni se diga de los días que restará a los alumnos del país, quienes en su mayoría verán la prolongación de sus vacaciones en casa, sin una recuperación del valioso tiempo perdido.
En tercer lugar tenemos el problema de la inseguridad. Es bien sabido que en momentos de crisis económica ésta aumenta por la cuestión del desempleo, la pobreza, la falta de demanda, etc. En México podemos sumarle la lucha contra el narco, los secuestros, las extorsiones, etc., etc., temas que estaban presentes antes de la crisis y que seguramente seguiremos viendo en los reflectores nacionales.
Para ser realistas, podemos decir que el escenario a corto plazo es bastante malo, que hoy en día existen formulas para el combate de la crisis, pero no representan una solución probada. De lo que tenemos certeza es que –las crisis no duran para siempre-, y que quienes sobreviven a ellas con base en su inventiva, creatividad, y aprovechamiento de sus recursos, se ven fortalecidos cuando esta termina.
Para hacerlo más entendible podemos decir, que así como la economía tiene un ciclo de estabilidad, descenso, recesión/crisis, reactivación y auge, la sociedad civil, que somos quienes vivimos en carne propia los efectos de las crisis, tenemos tres etapas de asimilación de la misma. La primera es el miedo (la peor de todas), aquello que nos detiene a actuar por falta de certidumbre en nuestra economía individual. La segunda es la prevención, la cual ubicamos como las acciones que tomamos para no vernos tan afectados por las crisis, como el ahorro excesivo o la especulación, y la tercera es la propuesta, donde efectuamos acciones acordes a la crisis, donde creamos, innovamos, o simplemente enfocamos nuestra energía al trabajo diario, al trabajo productivo, a la observación de nuevas actividades, con el fin de mantener el empleo o autoemplearnos en nuevas actividades.
Esta crisis es superable tanto en México como en el mundo, así como llegó se ira, no ocurrirán grandes catástrofes a causa de ella, estamos en un buen momento para brindarle las señales correctas al mercado: los consumidores debemos consumir (valga la redundancia) de acuerdo a nuestras necesidades y mucho mejor si nuestro consumo es nacional, los productores y comerciantes deben seguir vendiendo sin adoptar posturas contrarias a la tasa de inflación prevista, o sea, no hay que inflar los precios sin una base sólida. Y por último, el gobierno debe mejorar la labor burocrática, recortar los trámites para abrir empresas, ser más transparente, capacitar a su personal, en pocas palabras debe exigirse ser más eficiente desde los altos mandos hasta los mandos más bajos. Como consejo a la federación: El que mucho abarca (con pocos recursos), menos aprieta, es momento de replantear prioridades.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en el periódico "El Imparcial". Oaxaca, México. 22 de septiembre, 2009