sábado, 8 de octubre de 2011

Monterrey: El dominio del caos

Se los reporto no sólo porque sea la noticia que ha vuelto a poner a México en los reflectores internacionales, sino porque justamente el país que se ha visto afectado es el lugar donde provengo, es el sitio donde está mi hogar. Esta columna irá más allá de la noticia que se ha expuesto en diversos medios internacionales, no pretendemos hacer una cronología o un reportaje de un tema que nunca podrá agotarse, pero que sin duda inquieta a los lectores, sobre todo a mis connacionales.

En vez de ello aprovecharemos nuestra condición de locales para narrarles una reflexión más vivencial que de investigación, para exponerles cuáles son las percepciones de los mexicanos, no del gobierno respecto a este y a muchos incidentes que han conminado significativas manifestaciones ciudadanas que, pese a ser legitimas y justas, se han encontrado a sí mismas, en algo que el periodista Carlos Loret de Mola denominó “Victimas contra victimas” (16 de Agosto El Universal).

El problema se centra principalmente en la definición de la estrategia para combatir al crimen organizado. Está más que claro que la inseguridad es el tema que más preocupa a los mexicanos; la corrupción, que forma parte de esta problemática, ha pasado a segundo término, la crisis económica, los más de 40 millones de pobres, el alto endeudamiento de las entidades federativas y los municipios en el país, son temas que se han relegado en una agenda redactada más por los acontecimientos que por una planeación estricta y colegiada.

Hay quienes están a favor de la intervención de las fuerzas armadas para combatir a los grupos delictivos y quienes creen que militarizar el país es jugarse la última carta contra un enemigo invisible, que bien puede camuflarse entre los 112 millones de personas que habitan el país, mientras que las fuerzas armadas son fácilmente reconocibles, están uniformados, entrenados bajo estrictos controles donde les enseñan disciplina, valores y principios. Infiltrarlos en la sociedad sería un grave error, pues las tentaciones se potencializan cuando se juega en medio de dos bandos, lo que genera escenarios que pueden corromper al más justo y brindar falsas ganancias a las partes en cuestión.

Los mexicanos estamos cansados de esta violencia, distintos actores de la vida política nacional han alzado la voz para exigir al gobierno que detenga esta situación, pero se olvidan que no se puede acabar con un enemigo de la noche a la mañana, que para poder restaurar el equilibrio en el país es necesario un proceso por lo menos a mediano plazo, además culpar al gobierno mexicano por todos los males de la sociedad es buscar la alternativa más sencilla, la más detectable, la menos útil, no sólo el gobierno tiene responsabilidad, estamos quienes votamos por ese gobierno, quienes no exigimos a nuestros representantes por mejores leyes, quienes corrompen a la policía para evitar una multa, y quienes permiten que nuestros infantes se inunden de estos temas y los conviertan en parte de la cotidianidad.

La lección que hemos aprendido es que México como muchas otras naciones en Latinoamérica es un país reaccionario, la forma en la que el gobierno mexicano ha encarado esta situación de inseguridad no nos parece la más correcta. En vez de fortalecer los recursos legales y materiales en cuestión de seguridad, ha comenzado a hacer una cacería de brujas en todos los casinos del país, trasladando el problema hacia el lugar y no hacia el hecho.

Los casinos, pese a los daños sociales que pueden generan no son el problema en sí, el hecho bien pudo suceder en un centro comercial (mall), un restaurante, un bar, etc.

Sin embargo, lo que sucedió en Monterrey no son hechos aislados, son parte de un problema de suma complejidad, que tiene sus raíces más profundas en hierbas de los ayeres, en aquellas cicatrices que no hemos podido sanar los mexicanos. Hay culpables directos e indirectos; actores materiales e intelectuales; hay intereses y muy poderosos. Sin embargo, todo ello no puede ocultar la indignación de un pueblo que no está, ni podrá acostumbrarse nunca a este tipo de eventos monstruosos, que no sólo generan terror, sino que han penetrado con enorme intensidad en la vida cotidiana de nuestra nación, dejándonos un destino ambiguo e incierto.

Lo que sí podemos afirmar es que el fuego cruzado ha rebasado todos los límites: El caos, la inmoralidad, el cinismo, la barbarie son los apelativos más correctos para definir a estos criminales. Justicia, derechos, garantías son características ambiguas en su tratamiento. Humanidad, en un sentido estricto de civilidad y justicia, es una cualidad de la que ellos carecen.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 6 de septiembre de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 6 de septiembre de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 6 de septiembre de 2011.
  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 9 de septiembre de 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 1 de septiembre de 2011.
  • Diario Los Andes. Puno, Perú. 31 de agosto de 2011.
  • Diario El buscador. Florida, Uruguay. 2 de septiembre de 2011.
  • Diario El Heraldo. Tegucigalpa, Honduras. 9 de septiembre de 2011.
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 9 de septiembre de 2011.

Ellos también son el presente de México

Ha quedado más que claro que los jóvenes formamos parte del presente de la vida nacional. Ha sido una exigencia que se ha alimentado del espíritu, impulso y energía que los jóvenes han demostrado sobre la base del esfuerzo y la dedicación. Gracias a ello hemos logrado difundir la idea de que la juventud constituye uno de los pilares para el crecimiento y desarrollo de cualquier nación. Este sentimiento de presencia, de representación busca fomentar mayores oportunidades para este grupo de edad (15 a 29 años), el cual se ubica en un momento poblacional muy particular para el país: Aprovechar el bono demográfico puede ser la última oportunidad que tengamos para impulsar un crecimiento sostenido, es el camino más sencillo para alcanzar el desarrollo.

Sin embargo, el hacer esta afirmación no debe significar que los demás grupos de edad no existan o tengan menor importancia. Tanto los adultos que son el grupo poblacional que domina las principales posiciones de poder y riqueza, hasta los niños y adultos mayores son el presente de México y viven como los jóvenes problemáticas particulares que los imposibilitan de tener mejores condiciones de vida.

En esta ocasión, aprovechando la conmemoración del “Día del Abuelo” hablaremos de nuestros adultos mayores, quienes se perciben como el pasado del país, pero que pueden jugar un mayor papel en esta difícil tarea de gobernar un país que parece ingobernable.

Los datos del último Censo de Población y Vivienda, realizado por el INEGI, nos brindan una gráfica poblacional referente a los adultos mayores, la cual nos indica que para 2010 había en México poco más de 10 millones de habitantes mayores de 60 años, el 53% eran mujeres (5.375 millones) y 47% eran hombres (4.679 millones). Para términos prácticos 9 de cada 100 mexicanos son adultos mayores. Esta población guarda un legado muy importante para el país ya que el 9.5% de ellos habla alguna lengua indígena, mientras que a nivel nacional sólo el 6.5% de la población mayor de tres años posee esta cualidad lingüística.

También es muy importante reconocer la participación de los adultos mayores en la economía, ya que casi el 32% de ellos (3.193 millones) forman parte de la Población Económicamente Activa, siendo que el 96% de éstos se encuentran ocupados en alguna actividad productiva. El resto de esta población tiene la condición de Población no Económicamente Activa, pues se dedican a labores del hogar o están jubilados principalmente.

En este tenor, al observar los datos referentes a las condiciones de derechohabiencia a los servicios de salud, o sea quienes cuentan con seguridad social, podemos decir que el 71.4% es derechohabiente a alguna institución pública (IMSS, ISSSTE o Seguro Popular, etc.) o a alguna privada. Sin embargo el 28%, unos 2.8 millones no cuentan con alguna protección social, lo cual no es para nada una condición optima.

En materia de migración sabemos que son el grupo poblacional con menor intensidad para mudarse de entidad, ya que el 97.7% dijo vivir en la misma residencia en 2005, el 1.5% mencionó estar en una entidad diferente a la actual y tan sólo el 0.4% dijo estar en EE.UU., el país que concentra mayor número de connacionales en el extranjero.

Los grandes pendientes que tenemos la sociedad con este grupo de edad son diversos, aún hoy en día existen mitos acerca de la mano de obra de los adultos mayores, además se dice erróneamente que carecen de capacidad para aprender los nuevos conocimientos que de los avances tecnológicos derivan, sin embargo sólo el 20% de ellos tiene alguna limitación en las actividades que realiza, la mayoría constituyen cuestiones físicas (caminar, escuchar y ver), no mentales.

Albert Einstein decía que “el conocimiento es experiencia, lo demás es sólo información”. Quién mejor para aconsejarnos que un adulto mayor, el beneficio se expande si es de nuestra familia, pues ellos constituyen la memoria vivencial de generaciones pasadas y definen quienes somos.

Desaprovechar su experiencia y conocimiento ha sido un gran error que hemos cometido en el país, devaluar sus meritos como agentes de cambio, quizá culpándolos de los errores pasados, es condenarnos a vivir con una falsa moral. Las naciones más desarrolladas apoyan a sus adultos mayores, las familias más unidas son aquellas que tienen un fuerte vínculo con sus fundadores. Hoy somos un país de jóvenes, en la medida en que apoyemos y respetemos a los más longevos encontraremos el respeto y el apoyo de las generaciones futuras, quienes sin lugar a dudas reflejan en potencia tanto lo bueno como lo malo que ven las sociedades actuales.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 30 de agosto de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 30 de agosto de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 30 de agosto de 2011.
  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 1 de septiembre de 2011.
  • Periódico Punto Medio. Mérida Yucatán. 29 de agosto de 2011.
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 29 de agosto de 2011.

El quien y el cómo en una crisis económica. Parte II

Entonces, ¿quiénes serían los grandes culpables en una crisis económica? Para el caso actual el gobierno norteamericano tiene parte de la culpa, pues no ha sabido manejar sus cuentas sanamente, y éste no es un problema exclusivo de la administración Obama, sino que tiene un antecedente justamente en el excesivo gasto militar que impulsó el gobierno de Bush. Tampoco es un malestar propio de EE.UU., sino que también existe en Europa, donde el estancamiento y bajo crecimiento de la Eurozona han conminado el aumento de las tasas de desempleo y el incremento de la deuda pública.

El problema es además estructural: El dólar es la divisa internacional por excelencia, de manera que la política monetaria estadunidense no debe responder meramente a una estrategia nacional, sino que debe fijarse tanto en la producción local como en las ecuaciones internacionales, pues ignorar el binomio nación-mundo puede generar una masa monetaria que no esté sostenida en la producción, creando la idea de un bienestar artificial presente, que en el futuro será causante de un desequilibrio económico global.

También está la variable de la recaudación, que debería ser la principal fuente de ingreso para el gobierno. Sin embargo, la solución no debe sustentarse en el incremento de los impuestos, sino que debe basarse en la ampliación del universo de contribuyentes, con una desagregación por estatus y condición socioeconómica.

En este tenor podemos advertir que la respuesta a nuestro cuestionamiento principal no radica en las personas en sí, sino en sus decisiones. El problema no es de una administración, sino de cómo se manejen los ingresos, de cuáles son las reglas en el quehacer económico, o sea qué políticas se aplican y cuál debe ser el origen y razón de estas políticas. En pocas palabras, el problema yace en el Modelo Económico.

El neoliberalismo impera en las políticas económicas internacionales desde finales de los ochenta y principios de los noventa, tiene sus raíces teóricas principales en los postulados de la escuela austriaca (Friedrich Von Mises, F.A. Hayek) y en la escuela de Chicago (Milton Friedman). Sus premisas tuvieron auge como consecuencia del colapso del Modelo Keynesiano, aquel que veía al Estado como el ente encargado de impulsar el crecimiento económico basándose en la idea del bienestar social y la regulación.

Al colapsar este modelo, los nuevos liberales plantearon un Estado más pequeño y una economía más libre, con menor regulación. Este modelo ha expirado, nos lo demuestra la crisis del 2008 y los síntomas de los malestares actuales en Europa y EE.UU. Ha sido un modelo que lejos de fomentar la competitividad a nivel internacional ha aumentado la desigualdad, ha ampliado la distancia entre las clases bajas, medias y altas, al grado de que existen realidades complemente distintas tanto en naciones desarrolladas, como en aquellas que anhelan esta condición.

El problema ya está identificado, las propuestas de solución han sido discutidas en distintos foros: Es necesario reestructurar el modelo económico que impera en las políticas económicas internacionales.

¿Qué hace falta entonces?, ¿voluntad?, ¿de quién? De los gobiernos, de la ciudadanía, de los dueños de los grandes capitales quienes tienen tan diversificados sus recursos que mientras pierden del lado del Atlántico, ganan del lado asiático del Pacifico y del Indico, dejando que sus pérdidas se diluyan entre la población. ¿Qué pueden hacer los gobiernos para prevenir estas circunstancias? Hacer de sus economías factores sustentables, ¿Cómo? Legislando conjuntamente candados a las inversiones golondrinas, regulando los movimientos excesivos de capital, normalizando el sistema financiero; permitiendo su flexibilidad y evitando el libertinaje económico.

A veces olvidamos que la economía es justamente una ciencia inventada por el hombre; que el nerviosismo de los mercados, no es otra cosa que la incertidumbre de los magnates del capital, por eso es que parece que la economía y el sistema financiero tienen sentimientos o sensaciones, porque es el impulso, el raciocinio, la ecuación costo-beneficio la que mueve a los mercados.

Quienes elaboran las políticas públicas en materia económica deben hacerlo bajo una perspectiva integral; no pueden darse el lujo de dejar de ver la variable social, el momento político del país, las condiciones de los mercados y lo más importante la legislación en materia financiera, todos estos elementos ayudan a generar una respuesta más completa para las crisis y desajustes económicos, ignorarlos es sinónimos de atraso, pasarlos por alto señal de parcialidad, tomar medidas drásticas es dirigir los costos enérgicamente hacia la ciudadanía.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 23 de agosto de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 23 de agosto de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 23 de agosto de 2011
  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 23 de agosto de 2011
  • Periódico Punto Medio. Mérida Yucatán. 23 de agosto de 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 23 de agosto de 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 23 de agosto de 2011.
  • Diario El buscador. Florida, Uruguay. 27 de agosto de 2011
  • Diario La Tarde. Columnas de Opinión. Cuenca, Ecuador. 1 de septiembre 2011

El quién y el cómo en una crisis económica. Parte I

Aventuremos a brindar una descripción sencilla, quizá un tanto rudimentaria acerca del papel que juega el gobierno en la administración de los recursos económicos: El gobierno es como una gran empresa que gestiona una cantidad limitada de recursos, esto lo hace para aplicar sus proyectos, que serían todas aquellas políticas públicas encaminadas a alcanzar sus fines, que al contrario de la empresa no son las ganancias económicas, sino brindar seguridad, certeza, estabilidad, legalidad y condiciones de desarrollo a los ciudadanos.

Sin embargo, como sus recursos son limitados, pues sólo los obtiene de los impuestos y de los ingresos de las paraestatales, tiene la opción de recurrir al endeudamiento para capitalizarse y cumplir con sus funciones, puede hacerlo mediante un préstamo o mediante la emisión de bonos u otros instrumentos financieros, los cuales por supuesto debe pagar al corto, mediano o largo plazo a sus acreedores, con sus respectivos intereses y beneficios.

El grave problema que han visto tanto los EE.UU. como varios países europeos (Grecia, Italia y España) es que no tienen la solvencia financiera para pagar, o sea su economía no es sustentable en materia de capital, esto es, sus gastos son excesivamente mayores en comparación con lo que la economía produce o mejor dicho recauda.

Sin embargo para el caso de EE.UU., la deuda no es el mayor problema, lo que está en duda es su credibilidad; es la certeza de pago futuro que debe brindar a sus acreedores, además, al ser el dólar la más importante divisa internacional, debe dar señales de estabilidad para todos aquellos países que “resguardan su riqueza nacional” en esta moneda.

A esto se le puede sumar un listado de problemas que tiene el país “más poderoso del mundo” como: El alto gasto militar, que representa el 4.06% de su PIB (CIA 2005), unos 595 mil millones de dólares, algo así como el PIB de Argentina (la 23 economía más grande del mundo), el cual ha utilizado para mantener su presencia en Irak y Afganistán, además del mantenimiento de las distintas bases militares que tiene alrededor del mundo.

Esta también el alto costo de sus políticas sociales (identificado por su principal acreedor China). Igualmente se encuentra la perdida de competitividad como punto de atracción de las inversiones en el sector secundario y de servicios, las cuales se han ido trasladando hacia las economías emergentes como China, India, los países del sureste asiático, Brasil, etc.

A esto se le suma que Standard & Poor's rebajó la calificación para la economía más grande del planeta, asegurando que fue la falta de consensos políticos, para delinear una estrategia en materia de deuda, la que impulsó esta acción. Es justamente la variable política la que ha contagiado el malestar a la economía, ya que el próximo periodo electoral está muy cerca, de modo que, la manera en la que Obama encare esta situación será determinante para sumarle un periodo más en la Casa Blanca o dejarle el camino abierto de nueva cuenta al circulo más conservador de los Republicanos.

¿Quiénes son los mayores inversores del mundo?, ¿quienes son aquellos que se ponen nerviosos ante la incertidumbre financiera por la que están pasando los norteamericanos? Son justamente los ejecutivos de las principales empresas del planeta, aquellos que comenzaron ondeando la bandera norteamericana cuando esta nación fomentó el “libre mercado” alrededor del globo, pero que aprovechándose de la globalización se han trasnacionalizado, perdiendo poco a poco los rastros patrióticos que tenían y sustituyéndolos con una bandera global, que más que hondar por el orgullo de un país, lo hace siguiendo la atracción de las ganancias en los mercados con mayor dinamismo a nivel mundial, hoy en día, los asiáticos.

Algunos podrán decir que las empresas que conminan el crecimiento en China, la India o el sureste asiático tienen amplias proporciones de capital estadunidense, lo cual podría derivar en pensar que quien gana en la ecuación es EE.UU., sin embargo no es así, el capital no tiene nacionalidad. Aquellas grandes corporaciones están más preocupadas por aumentar sus activos o protegerlos, que por apoyar a la nación que les abrió los mercados internacionales.

Entonces, ¿quiénes serían los grandes culpables de una posible crisis? El gobierno norteamericano, los dueños del capital, las corporaciones trasnacionales, los especuladores, los políticos estadunidenses, los ciudadanos… trataremos de dar respuesta a este cuestionamiento en la próxima columna, quizá la misma no se refiera al quién, sino al cómo.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 9 de agosto de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 9 de agosto de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 9 de agosto de 2011
  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 9 de agosto de 2011
  • Diario Los Andes. Puno, Perú. 09 de agosto de 2011
  • Diario La Tarde. Columnas de Opinión. Cuenca, Ecuador. 23 de agosto 2011
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 23 de agosto de 2011

El problema de la trata

Reconocemos que la sociedad en la amplitud que representa su universo es la productora de sus propios problemas y por lo tanto de la mayoría de sus soluciones. Dentro de la sociedad se encuentran inmersos, a veces ocultos, a veces a la luz pública, los actores que generan los males que tanto daño hacen a miles de personas en el mundo. En la sociedad están las victimas y los victimarios, quienes entre tanta gente se pierden en la cotidianidad dejando que costumbres y prácticas -alejadas de los valores y garantías intrínsecas que todo ser humano posee- se multipliquen para destruir la vida de miles de inocentes, que consientes o no tienen derecho a una existencia mejor.

Esto es justamente lo que ocurre con el problema de la trata de personas, la cual se conoce como la esclavitud del siglo XXI, pero que guarda una particularidad antiquísima en la historia del hombre. La trata ha sido definida por Naciones Unidas (2000) como “[…] la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.

Entendemos que es una definición amplia, cuyo objetivo es contener el máximo de elementos para poder identificar este grave delito. En términos coloquiales la trata es comerciar con el ser humano como si éste fuera un insumo negociable, es volver un bien transable y transferible principalmente a los grupos más vulnerables; los niños, las mujeres y los migrantes, quienes se convierten en productos, muchas veces desechables, perdiendo de manera lamentable su condición humana.

El motor de la trata es por tanto el lucro económico. Las condiciones de pobreza en las que viven la mayoría de personas en el mundo amplían la posibilidad de caer en las redes del tráfico, sin embargo no son la única condición, pues quienes lucran con los seres humanos, los “tratantes” incurren en actividades que van desde la prostitución hasta el tráfico de órganos y drogas, o la explotación laboral y sexual de niños y mujeres.

Para combatir este grave mal de la sociedad es imprescindible en primer lugar establecer un diagnóstico de la situación, sin embargo el tema lleva implícito diversas dificultades que lo hacen invisible ante la sociedad e indetectable para la legislación y la procuración de justicia. Una de éstas es en cuestión estadística, donde no se puede saber de manera acertada cuantas personas se encuentran bajo esta condición de esclavitud moderna, algunas estimaciones hablan de que aproximadamente 800 mil personas han sido traficadas a través de las fronteras, pero no es una estadística tan acertada, si por ejemplo comparamos el dato con los flujos migratorios ilegales que se suceden anualmente en el mundo.

Otra dificultad es a nivel legal, donde hasta hace poco no existía una tipificación para el delito, donde reina una inconsistencia en el conocimiento de las mismas instituciones para procurar justicia. Además está la lenta asimilación de los protocolos, convenciones y estatutos internacionales en la legislación nacional.

Hace un par de semanas (el 14 de Julio) el presidente Calderón promulgó la reforma constitucional sobre la trata de personas, donde pidió a los mexicanos denunciar los casos de trata de los que estén enterados. En este sentido, creemos que el presidente se equivocó cuando afirma que la sociedad es aún insensible a este mal social, ya que más que insensible, los ciudadanos y las instituciones públicas están desinformadas de la definición de trata, pues el término no ha sido difundido de manera amplia, incluso las mismas victimas ignoran su condición. Difícilmente veremos resultados de esta nueva legislación mientras, tanto las instituciones como la sociedad, desconozcan sobre el tema.

Pese a que existan leyes, pese a que logremos asimilar las vanguardias a nivel internacional, debemos reconocer que la trata tiene como motor a la pobreza en un primer momento (es la principal razón para la reclusión), pero al final de cuentas es el lucro económico el que mantiene esta actividad, son las clases medias y altas los principales focos de consumo, es la sociedad quien permite las zonas de tolerancia sin regulación, quien asiste a lugares de trata disfrazados, quienes vemos día a día a los niños y mujeres menos afortunados trabajando sin cesar por un futuro propiamente incierto. Somos todos quienes tenemos una venda egoísta que nos impide denunciar a quienes lucran con la dignidad humana. Si podemos organizarnos, si nos coordinamos con el gobierno y la legislación, si rompemos esas redes de corrupción que sostienen a los dueños de estos ilícitos, si confiamos en las instituciones, podremos juntos disminuir significativamente la trata, mientras no logremos estos objetivos, este mal seguirá entre nosotros. En la sociedad está el problema, y sólo dentro de la sociedad organizada encontraremos la solución.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 2 de agosto de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 2 de agosto de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 2 de agosto de 2011.
  • Periódico Punto Medio. Mérida Yucatán. 4 de agosto de 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 2 de Agosto de 2011.
  • Diario El informativo de Sabanalarga. Atlántico. Colombia. Columna de Opinión. 2 de Agosto de 2011.
  • Diario Los Andes. Puno, Perú. 27 de julio de 2011
  • Diario La Jornada. Managua Nicaragua. Opinión. 27 de julio de 2011.
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 29 de julio de 2011

Apoyo para el cuerno de África

¿Cuáles son los límites de la cooperación internacional?, ¿Hasta dónde el ser humano es capaz de permitir que un contexto perfectamente controlable dañe incluso al grado de la muerte a una población que clama, no por justicia o bienestar económico, sino por sobrevivir?

Mucho se habla de aquellas noticias que atraen con fuerza los reflectores internacionales, sobre todo cuando sabemos que pueden llegar a tener alguna incidencia directa sobre nuestros países, como lo son los malestares económicos en la Unión Europea y EE.UU., que seguro permearan de distinta manera a algunas economías de nuestra región.

Sin embargo, también hay noticias que pese a no tener grandes consecuencias en nuestras naciones, sí nos afectan moralmente como comunidad global, pues son la muestra de la incapacidad mundial para brindar apoyo quienes más lo necesitan. Estamos hablando de privilegiar a las vidas humanas sobre cualquier bien material, de presionar a nuestros gobiernos para que actúen en consecuencia y sumen voluntades a los males cada vez más agravantes de la humanidad.

Uno de estos eventos, cuya alarma ha sido encendida álgidamente por distintas Organizaciones Internacionales es la delicada situación de Somalia, un país cuya posición es estratégica para el comercio mundial, pero que se encuentra afectado enormemente por un conflicto étnico-racial, que mantiene una condición de desequilibrio y caos al interior, que degrada ínfimamente la condición humana.

Echemos un vistazo a las estadísticas: Somalia, tiene una población de casi 10 millones de personas, con una esperanza de vida de tan sólo 50.4 años. Su tasa de mortalidad infantil es de 105.56 defunciones por cada mil habitantes, la quinta más alta del mundo. Su tasa de alfabetismo es de 37.8% y cuenta con tan sólo 600 dólares de PIB per capita, el quinto peor del planeta. Por si fuera poco los desplazados y refugiados internos suman 1.1 millones de personas, a los que se añaden 700 mil muertos producto de una guerra civil que no cesa desde 1980.

El país sufre un estado de guerra provocado por el enfrentamiento de tribus, sobre todo aquellas somalíes que representan el 85% de la población y los Bantú y otras que ocupan el 15%, cuyas fuerzas de origen árabe buscan controlar el país sobre la base de una estrategia que lastima enormemente la esencia humana.

Platón, en su obra la República nos relata que para que una sociedad funcione requiere tener tres cualidades que tengan armonía entre sí: debe existir un deseo de superación, emotividad e intelecto en los miembros de una comunidad. Cuando las primeras 2 cualidades son controladas por el intelecto, la sociedad y sus individuos logran una situación deseable y equilibrada, cuyo resultado es sin duda el progreso.

Aquella enseñanza platónica puede aplicarse al caso de Somalia, sin embargo, ante la complejidad del contexto no podemos tener la certeza de que la mayoría de los individuos de este pueblo cuente con la armonía entre estas cualidades. Cuando alguna de éstas se pierde o se corrompe, el caos y la entropía terminan por llevar a la sociedad a la barbarie, degradando toda garantía y valor que intrínsecamente tiene cualquier individuo de nuestra especie.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos del mundo como comunidad global para apoyar a este país tan golpeado? Podemos tratar de influir en nuestros gobiernos, manifestar nuestro apoyo a la nación somalí, conminar a nuestros representantes en el exterior para promover mayores acciones desde Naciones Unidas, desde el Consejo de Seguridad (CS), desde el ACNUR y demás órganos subsidiarios internacionales para que se ponga mayor atención a este tipo de casos, es hacer un llamado a Brasil y Colombia, que nos representan a los latinoamericanos en el CS para que se establezca una Agenda que ponga fin a tantos años de incertidumbre para una población devastada por los conflictos, la pobreza y el hambre, es apostar más recursos a un objetivo poco lucrativo en términos económicos, pero que enriquecerá enormemente la cualidad y el sentido humano de nuestras naciones.

Haciendo un paréntesis, desde este Reflector Mundial queremos enviar nuestras condolencias al pueblo noruego, que ha comprobado que la inestabilidad social no es sólo cuestión de desarrollo económico, sino que es el radicalismo (en cualquiera de sus formas) uno de los mayores peligros que tenemos como especie. Nos queda claro que el odio del hombre hacia el hombre por cualquier motivo, puede ser igual de grave para la sociedad siendo individual o colectivo.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • El Imparcial. 3B. Opinión. Oaxaca, Oaxaca. 26 de julio de 2011.
  • Medio Informativo Imagen Poblana, Puebla, Pue. Sección Opinión. 26 de julio de 2011.
  • Gráfico de Martínez de la Torre. Martínez de la Torre, Veracruz 26 de julio de 2011.
  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 26 de julio 2011.
  • Periódico Punto Medio. Mérida Yucatán. 26 de julio de 2011.
  • Diario El Informador. Santa Marta, Colombia. 27 de julio de 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 26 de julio de 2011.
  • Diario Los Andes. Puno, Perú. 27 de julio de 2011.
  • Diario La Jornada. Managua Nicaragua. Opinión. 27 de julio de 2011.
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 29 de julio de 2011.

Afganistán, un país olvidado

La estabilidad es una condición necesaria para el desarrollo, para que un país alcance el progreso requiere de una planeación integral, de condiciones que propicien la inversión, hagan rentables las actividades económicas y procuren la generación de una ciudadanía responsable. En pocas palabras necesita concentrar la mayoría de su energía y recursos en aquellas actividades que sean el cimiento para el crecimiento económico y la equidad social.

Demanda que exista por tanto, cercanía del pueblo hacia el gobierno, que todos los actores del Estado (empresas, sociedad y gobierno) den por sentado la existencia de un contrato social, que sea ampliamente reconocido, pero sobre todo respetado por todos. Todos los países aspiran alcanzar esta condición, sin embargo, son pocos los que escapan a los intereses extranjeros, son menos los que logran homogenizar la idea del desarrollo sobre la base la unidad nacional.

En esta ocasión, en este Reflector Mundial trataremos de dar un acercamiento de lo que acontece en un país que perdió su voz hace muchos años, que es la víctima más longeva de un acontecimiento ocurrido en Nueva York un 11 de septiembre, cuando el mundo le declaró la guerra a los Talibanes, sin tomar en cuenta que afectaban directamente a una nación ajena a estos hechos, los afganos.

Afganistán es un país complejo. Está muy cerca de la región de mayor tensión a nivel internacional, Oriente Medio, comparte fronteras con (China 76 km), Irán (936 km), Pakistán (2,430 km), Tayikistán (1,206 km), Turkmenistán (744 km) y Uzbekistán (137 km). Los últimos poco conocidos, pero los primeros tres guardan una importancia particular sobre todo Irán y Pakistán, ambos focos rojos para EE.UU.

Sin embargo, lo que nos interesa del país no es su territorio, sino su población, la cual consta de 30 millones de almas que crecen al 2.3%, cuya edad promedio es de 18.2 años. Es un país que no controla aún sus variables demográficas, pues su tasa de mortalidad es de 17.39 defunciones por cada mil habitantes, la segunda más alta en el mundo después de Angola (23.40). Además tiene la segunda tasa de mortalidad infantil más elevada del planeta (149.20 por cada mil nacidos vivos), en Mónaco, el país con la mejor estadística en el rubro es de apenas 1.79. Cuenta con la peor esperanza de vida a nivel mundial, 45.02 años, demasiado baja si la comparamos con el promedio de los países desarrollados la cual es de 77.5, el promedio mundial es de 67 años, incluso es menor que el dato para los países menos adelantados (los africanos principalmente), la cual es de 56.8 años.

Sin duda alguna, estas malas estadísticas no son fruto del corto plazo, pero sí se han recrudecido a raíz de la invasión emprendida por EE.UU. y sus aliados a partir de 2001, cuyo objetivo era atacar a los talibanes y atrapar a Osama Bin Laden. Desde Naciones Unidas se legalizó la invasión, se creó una nueva Constitución y se trato de instaurar una democracia en un país que ha vivido la mayor parte de su historia en guerras civiles y luchas por el poder. De esta forma se eligió a Hamid Karzai como presidente, quien fue reelecto en 2004 para restaurar el orden en aquella nación. Sin embargo, los grupos radicales se han negado a ceder el poder, usando al terrorismo como la principal herramienta de reclamo, además de que, al igual que los países invasores, confunden a la población afgana obligándola a tomar una posición o perecer en la neutralidad.

Seguramente los afganos se dicen a sí mismos, no todos somos terroristas o talibanes, Afganistán no es Osama Bin Laden. Hoy en día, cuando algunas naciones comienzan a replegar sus tropas, cuando incluso EE.UU. ha declarado que se retirará progresivamente del mayor productor de opio del mundo es cuando surgen las interrogantes: ¿merecen los afganos estar en medio de una guerra entre el gobierno impuesto y los talibanes u otros grupos terroristas?, ¿merecen acaso sufrir las consecuencias de la imposición de una democracia que no ha podido adaptarse a las costumbres de un pueblo rebelde y nómada, que basa la idea del progreso en la mera supervivencia?

Con estas preguntas volvemos a aquel intento por falsar aquella máxima que sostiene que “todo pueblo tiene el gobierno que merece”. El sufrimiento del pueblo afgano por tantos años no debe ser visto como una consecuencia justa del actuar político de sus gobernantes, los afganos no son terroristas, no son un peligro para el mundo, son el ejemplo más claro de cómo las malas decisiones del gobierno, los grupos extremistas y la injerencia internacional pueden afectar a una población y como las guerras intestinas condenan a la humanidad al subdesarrollo.

© Ignacio Pareja Amador, publicado en los periódicos y medios informativos:

  • Periódico Pueblo Guerrero, Chilpancingo Gro, 19 de julio 2011.
  • Periódico El Quetzalteco. Quetzaltenango, Guatemala. 19 de julio de 2011.
  • Diario El buscador. Florida, Uruguay. 22 de julio de 2011.
  • Diario El informativo de Sabanalarga. Atlántico. Colombia. Columna de Opinión. 25 de julio de 2011.
  • Diario La Jornada. Managua Nicaragua. Opinión. 21 de julio de 2011.
  • Diario La Tarde. Columnas de Opinión. Cuenca, Ecuador. 20 de julio 2011.
  • La Revista Peninsular. Mérida Yucatán, 22 de julio de 2011.